Responsabilidad penal adolescente
He estado con licencia por una
cirugía de la que afortunadamente me estoy recuperando bien. Por esto, he tenido
tiempo para ver tele, escuchar radio, leer noticias, más de lo habitual. Y, en
todos los medios está en discusión el tema de la edad para la responsabilidad
penal adolescente. Yo entiendo que sea un asunto discutible, pero mientras
todos hablan de sanciones, no puedo dejar
de pensar en que, si la sociedad no toma acciones preventivas, podemos bajar la
edad, subir las condenas y todo ese tipo de medidas, sin que nada cambie en
verdad.
Yo soy una persona en posición de
privilegio para esta sociedad. Pude estudiar una carrera, tengo un trabajo que
me gusta, tuve acceso a una buena educación sexual. Pude planificar el tamaño
de mi familia, que a estas alturas del
milenio, está muy por encima del promedio nacional en lo que a hijos por mujer se
refiere. Tengo una familia contenedora y apoyadora, y siempre tuve la opción de
contratar a alguien que cuidara mis niños en los períodos en que ellos tenían
más tiempo libre que yo.
Porque sí. Mis hijos tienen
muchas más vacaciones que yo. Ellos salen del colegio a principios de
diciembre, y vuelven a clases en marzo; con además vacaciones de invierno de un
poco más de dos semanas, días libres en septiembre y uno que otro “interferiado”.
Sin contar una serie de contingencias en que salen más temprano o se suspenden
las clases (elecciones, inconveniencias climáticas, etc). Y nosotros, los
padres, contamos con 15 días hábiles de feriado legal al año. Sí, al año. Yo al
menos tuve la opción de contar con 4 semanas en febrero el mucho tiempo que
trabajé en Teletón. Y con todo el privilegio que previamente describí, siempre
fue un tema el cuidado de ellos en todos esos períodos en que sentía que estaban
de alguna manera, en abandono. Porque muchas veces he escuchado gente que dice:
“los niños tienen que aburrirse”. Y no estoy de acuerdo. Porque si bien, creo
que los niños deben tener espacios en que puedan desarrollar su creatividad que
no estén mediados por adultos, la idea no es que se aburran. La idea es que, en
esos períodos, desarrollen un juego, canten, bailen, sueñen. Para mí, aburrirse
es lo que uno hace en la fila del banco o en la sala de espera del médico. Si
un niño o niña tiene tiempo libre y simplemente “se aburre”, en probablemente
porque no ha tenido estimulación suficiente para que ese tiempo se le haga
precioso en por lo bajo soñar despierto. Mirando atrás, siento que pude hacerlo, tal vez no a la perfección, pero mis hijos tuvieron oportunidad de tener esos espacios, aunque no con poco esfuerzo de mi parte. Y cuando pienso en lo difícil que ha sido, no me queda más que ponerme a pensar en quienes no tiene mi misma suerte.
La mayor parte de los padres se
ven obligados a trabajan en jornadas completas. A veces en más de un empleo. En
Santiago de Chile, muchos de ellos tienen además que desplazarse por períodos
de más de una hora para ir y venir de los trabajos. Tienen vacaciones cortísimas
en comparación con sus hijos. Y, con todo eso, están mortalmente cansados. Lo
que queda de la tarde da para comer algo, y sentarse frente al televisor, con
suerte. No hay un cuento antes de dormir, un momento para compartir emociones.
En muchos hogares, la mayor parte de las palabras que los niños reciben de sus
adultos significativos, son instrucciones (“báñate”, “pon la mesa”, “ordena tu
pieza”). En los veranos, las vacaciones,
los interferiados, los niños quedan solos. Para “aburrirse”. Y, si los entornos no son protectores, las actividades
que encontrarán no serán espacios constructivos de creatividad, sino probablemente
lo que hallarán será la posibilidad de unirse a otros que no estén posiblemente
en los mejores pasos, pero que están presentes y que podrán aportarles
sensación (real o no) de pertenencia y
afecto.
Discutamos la edad, discutamos
las penas. Pero, mientras tanto, discutamos las jornadas de trabajo. El largo
de las vacaciones de las personas que tienen hijos. La posibilidad de generar
instancias de protección y cuidado en los barrios. El acceso de los niños a
actividades creativas, deportivas, constructivas en el tiempo que tienen para “aburrirse”.
Eso va a demorar, pero, si lo hacemos, es mucho más probable que, en 20 años
más, no estemos discutiendo tanto sobre las penas, y más sobre la esperanza.

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